Nota del blogista : Quizás buscando protegerme... en este caso “Betty”, (que aún acepta la nombre así), me ha conducido a interiorizarme en la vida de Cesare Pavese, un escritor italiano que se suicido en 1950...
”un caso práctico de los riesgos presentes al buscar mirarme a los ojos... fue un lamentable accidente... yo aún necesitaba siguiera trabajando para mi... pero nada pude hacer y es más... nada, nada tuve que ver...” Betty.
”un caso práctico de los riesgos presentes al buscar mirarme a los ojos... fue un lamentable accidente... yo aún necesitaba siguiera trabajando para mi... pero nada pude hacer y es más... nada, nada tuve que ver...” Betty.
A 57 AÑOS DEL SUICIDIO DEL POETA ITALIANO CESARE PAVESE
Tenía sólo 42 años cuando se quitó la vida en un desolado hostal de Turín. En su cuaderno de notas dejó escrito:
“Todo esto da asco, apesta. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”.
Las mejores páginas de Cesare Pavese se encuentran en su diario “El Oficio de Vivir”, libro que nos ayuda a reconstruir la historia de un poeta que el 27 de agosto de 1950 fue cautivado por los "Ojos de la Muerte".
(Extracto de diferentes artículos publicados en google).
El cielo estaba a punto de reventar en Turín. Eran las seis de la tarde y Cesare llevaba un abrigo negro y caminaba melancólico hacia la estación... Esa tarde el poeta y narrador pensaba viajar, alejarse... pero al levantar la cabeza vio el letrero del hostal Albergo Roma y decidió entrar.
Pidió una habitación con teléfono. El autor de “El Oficio de Vivir” tenía 42 años. Pavese tomo el teléfono y, como un amante que sabe que el tiempo no se curva y no alcanza, llamó a varias amigas, una tras otra, para que al menos una lo acompañara...pero sucesivamente no contestaron... a ninguna se le vió llegar... pero no estuvo solo...
Su vida y obra.
“Todo esto da asco, apesta. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”.
Las mejores páginas de Cesare Pavese se encuentran en su diario “El Oficio de Vivir”, libro que nos ayuda a reconstruir la historia de un poeta que el 27 de agosto de 1950 fue cautivado por los "Ojos de la Muerte".
(Extracto de diferentes artículos publicados en google).
El cielo estaba a punto de reventar en Turín. Eran las seis de la tarde y Cesare llevaba un abrigo negro y caminaba melancólico hacia la estación... Esa tarde el poeta y narrador pensaba viajar, alejarse... pero al levantar la cabeza vio el letrero del hostal Albergo Roma y decidió entrar.
Pidió una habitación con teléfono. El autor de “El Oficio de Vivir” tenía 42 años. Pavese tomo el teléfono y, como un amante que sabe que el tiempo no se curva y no alcanza, llamó a varias amigas, una tras otra, para que al menos una lo acompañara...pero sucesivamente no contestaron... a ninguna se le vió llegar... pero no estuvo solo...
Su vida y obra.
El asmático Pavese nació en 1908 en la localidad de Santo Stefano Belbo, al Norte de Italia. Estudia filología inglesa en la Universidad de Turín y se licencia con una tesis sobre Walt Whitman.
Más tarde se dedica a traducir a notables escritores norteamericanos, como Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway. Además traduce “Moby Dick”, de Herman Melville, y “La Risa Negra”, de Sherwood Anderson.
Hacia 1939, Pavese se lanza a la narrativa y a escribir ensayos, con notable repercusión y exito, a pesar de la censura del fascismo imperante del Duce, Benito Mussolini. Incluso forma parte de la resistencia antifascista.
Las mejores y más conmovedoras páginas de Pavese se encuentran en su diario “El Oficio de Vivir”, publicado por primera vez en italiano en 1952.
En su libro “Diálogos con Leuco”, Pavese expone 26 diálogos breves de dioses y héroes de la Grecia clásica, de Eros y Tanatos a Aquiles y Patroclo... los que son invitados a discutir la relación entre el hombre, la naturaleza y la irrevocable condena de la muerte.
Pavese fue uno de los fundadores de la Editorial Einaudi, en la que permaneció como editor hasta pocos días antes de su desaparición.
Quizás nunca obtuvo la confianza del amor, ya que en Noviembre de 1937 escribe en su diario: “Recuérdese que hacer poesías es como hacer el amor: Nunca se sabrá si la propia alegría es compartida”.
A fines de 1940 ningún libro lo atrapaba como antes, nada podía convertirse en material para la prosa o la poesía. Ya el 13 de septiembre de 1946 escribe en “El Oficio de Vivir. (...) ya no siento la vida como un descubrimiento”. La belleza suprema no es sólo la naturaleza para Pavese, sino también la mujer. “Cada mujer mete en nuestra sangre algo nuevo, pero todas desaparecen en este empeño y nosotros, renovados de esta forma, somos los únicos que permanecemos”, escribió Pavese en una playa a la que solía ir en los veranos a contemplar a mujeres que luego se pierden en el mar. Pero a Pavese también le atraían los "Ojos de la Muerte". Un día miércoles después de una larga pesadilla, el escritor italiano saltó a su mesa a escribir: “No es verdad que la muerte nos llegue como si se tratara de una experiencia frente a la cual todos somos novicios. Todos, antes de nacer, ya estábamos muertos".
Más tarde se dedica a traducir a notables escritores norteamericanos, como Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway. Además traduce “Moby Dick”, de Herman Melville, y “La Risa Negra”, de Sherwood Anderson.
Hacia 1939, Pavese se lanza a la narrativa y a escribir ensayos, con notable repercusión y exito, a pesar de la censura del fascismo imperante del Duce, Benito Mussolini. Incluso forma parte de la resistencia antifascista.
Las mejores y más conmovedoras páginas de Pavese se encuentran en su diario “El Oficio de Vivir”, publicado por primera vez en italiano en 1952.
En su libro “Diálogos con Leuco”, Pavese expone 26 diálogos breves de dioses y héroes de la Grecia clásica, de Eros y Tanatos a Aquiles y Patroclo... los que son invitados a discutir la relación entre el hombre, la naturaleza y la irrevocable condena de la muerte.
Pavese fue uno de los fundadores de la Editorial Einaudi, en la que permaneció como editor hasta pocos días antes de su desaparición.
Quizás nunca obtuvo la confianza del amor, ya que en Noviembre de 1937 escribe en su diario: “Recuérdese que hacer poesías es como hacer el amor: Nunca se sabrá si la propia alegría es compartida”.
A fines de 1940 ningún libro lo atrapaba como antes, nada podía convertirse en material para la prosa o la poesía. Ya el 13 de septiembre de 1946 escribe en “El Oficio de Vivir. (...) ya no siento la vida como un descubrimiento”. La belleza suprema no es sólo la naturaleza para Pavese, sino también la mujer. “Cada mujer mete en nuestra sangre algo nuevo, pero todas desaparecen en este empeño y nosotros, renovados de esta forma, somos los únicos que permanecemos”, escribió Pavese en una playa a la que solía ir en los veranos a contemplar a mujeres que luego se pierden en el mar. Pero a Pavese también le atraían los "Ojos de la Muerte". Un día miércoles después de una larga pesadilla, el escritor italiano saltó a su mesa a escribir: “No es verdad que la muerte nos llegue como si se tratara de una experiencia frente a la cual todos somos novicios. Todos, antes de nacer, ya estábamos muertos".
El descubrimiento de saberse vivo, el asombro, la exacerbación de los sentimientos, el goce que produce la existencia y el pasmo frente a la masacre de la guerra y el insomnio hacen que el acto de escribir sea una condena. La manía de la autodestrucción lo persiguió como una sombra. El enamorado de la vida se fue alejando poco a poco de la tierra. El placer de disfrutar del silencio lo atrajo más que el zumbido de los versos. El suicida, ¿Es un héroe mítico, un fabulador de las angustias de la vida, un impostor o una lacra buscando su propia embriaguez?.
Aquella tarde del 27 de agosto 1950, antes de entregarse a la muerte, Pavese recordó los versos de su último poemario “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, donde escribe:“Esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento...”.
Los frascos de barbitúricos reposaban íntegros en el velador. Las amigas que Pavese telefoneó aquella tarde nunca contestaron... ninguna llegó al hostal... pero no estuvo solo... un gato negro que no mostró sus ojos... escapó por la ventana... despedirse estaba de más...
muerte.murder@gmail.com
Mapuche Araucano
Aquella tarde del 27 de agosto 1950, antes de entregarse a la muerte, Pavese recordó los versos de su último poemario “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, donde escribe:“Esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento...”.
Los frascos de barbitúricos reposaban íntegros en el velador. Las amigas que Pavese telefoneó aquella tarde nunca contestaron... ninguna llegó al hostal... pero no estuvo solo... un gato negro que no mostró sus ojos... escapó por la ventana... despedirse estaba de más...
muerte.murder@gmail.com
Mapuche Araucano